Intercambio de Jarritos, tradición que debe vitalizarse

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-Expresan feriantes que cada año es menor la compra de estos objetos simbólicos

Por Raúl Bañuelos

El tradicional intercambio de jarritos que se realiza el lunes, último día de la Feria de Primavera de Jerez, “necesita rescatarse a través de otras actividades”, coinciden alfareros del Estado de Michoacán que cada año instalan sus puestos en el complejo comercial.

Nuestros entrevistados explicaron que la fecha más fuerte para poder vender su mercancía es el día establecido ya como costumbre dentro de la festividad, sólo que, a diferencia de otros años, este 2013 la compra de los artefactos no se ha visto tan favorecida como se esperaba.

Luis Bautista manifestó que, como ejemplo, “este año se instalaron menos puestos que en otros tiempos”.

“Los pocos que regresamos venimos bajo el riesgo de no obtener buenas utilidades, dado que la renta del espacio se ha elevado y nos vemos obligados a permanecer más días que lo habitual para recuperar la inversión”, agregó.

Consiente de que el incrementó del precio por el alquiler del lugar puede ser un factor para que las ganancias no sean las esperadas, propuso que en años posteriores se debería rescatar la tradición del intercambio de jarritos desde el ámbito institucional, reforzándose con otras actividades culturales, pero, si se pudiera, “disminuir el costo del lugar para salvar un evento que últimamente se ha visto como relleno en el programa de actividades”.

A pesar de que se presentan estas circunstancias, que se han acentuado año tras año, los vendedores recuperan los ánimos cuando la gente adulta acude al local para solicitar una muestra de estos artefactos simbólicos para ser entregados a familiares y amigos, pero, sobre todo a maestros en el transcurso de esta semana, tiempo en que los padres de familia aconsejan al hijo o a la hija de llevarle un presente a su instructor como recuerdo de la feria.

El momento más emotivo de la compra, dice Rudy, “es cuando el cliente selecciona el jarro y nos pide que se impriman las dedicatorias sobre la superficie del recipiente; la mayoría pide para maestros y maestras, pero hay quienes obsequian una muestra a la abuelita o a la mamá, y eligen jarros que no sólo sirvan como adornos, sino de para un uso especial en la cocina, “como para servirse un buen atole o un cafecito”.

El hábito de regalar un jarrito, según el cronista de la ciudad, Samuel Correa Carrillo, data de poco más de cinco décadas.

Hoy, vendedores de jarritos y promotores de esta práctica, confían en que la actividad se resalte en próximas celebraciones como algo auténtico y esencial de la fiesta popular, pues su intercambio presume lazos de amistad y fraternidad entre el pueblo jerezano.

 

 

 

 

 

 

 

 

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