El arte de la restauración en muebles, destreza de Don Vicente Nájar Ramírez

 

Por Blanca Lilia Rodríguez

  El Señor Vicente Nájar Ramírez es originario de Fresnillo, Zacatecas; nació el domingo 20 de julio de 1958; su niñez trascendió entre las calles del centro histórico de esa bella ciudad y desde chico trabajó para salir adelante. Su papá se llamaba Luis Nájar Ulloa originario de Mezquitic, Jalisco; su mamá  Luisa Ramírez, quienes procrearon veintidós  hermanos, de los cuales viven dieciséis.

El oficio de la tapicería lo aprendió de un señor proveniente de Durango que pasó a establecerse en el municipio en las cercanías  de la presidencia municipal. Su negocio se llamaba “Tapicería Fresnillo” donde se hacía todo tipo de arreglos a los muebles. Tiempo después, el señor se fue para Aguascalientes;  se llamaba Catarino Esparza.

Don Vicente estudió hasta sexto grado de primaria porque no se podía más, y el oficio de tapicería lo instituyó como su destino al ver los trabajos tanto de su papá como de Don Catarino. Nos comenta que desde los trece años comenzó a realizar sus hilvanes, ayudar a cortar, a cargar y ver texturas sencillas o cortes según el grosor de las telas que solicitaban, así como borras, espumas o hules requeridos para dichos trabajos o muebles.

Recuerda que su papá se dedicaba a hacer pantalones y trajes de charro; tenía o diseñaba sus propios cortes; colocaba además los botones a los conjuntos. De hecho él se hacía sus pantalones y le ayudaba a su papá a los bastillados, hilvanados, a hacerle los ojales, entre otros detalles.

Cumpliendo los 20 años de edad, se estableció en Jerez,  donde actualmente lleva cerca de treinta y cuatro años prestando sus servicios al pueblo en general.

Don Vicente hace uso de sus herramientas como martillos, desarmadores, seguetas, pinzas, tijeras, cinta para medir o metro, escuadras (para sus trazos y cortes). También saca sus moldes viendo cómo vienen la costura y modelo.

A pesar de que no estudió para diseñador de muebles o que haya trabajado en alguna fábrica,  ha restaurado infinidad de cosas. Lástima que no ha tenido la oportunidad de guardar evidencias como es el caso de la fotografía del antes y el después pero tiene la ventaja de que les ha gustado el trabajo que a la fecha lo recomienda.

En su taller, de todo le han mandado hacer o restaurar; desde muebles, sillas, tapicería para carros, carriolas, andaderas, cabeceras.Trabaja todo tipo de telas según lo que pidan los clientes.

Tiene seis hijos (tres hombres y tres mujeres) el más grande está en Estados Unidos, tiene nueve nietos y uno que viene en camino.Tiene la satisfacción de hacer lo que le gusta aunque quiso enseñar a sus hijos pero ninguno optó por seguir sus pasos.

Por último, en poco tiempo se verán los resultados de las imágenes que acompañan a Don Vicente, y no queda más que hacer la invitación a la población tanto para quienes desean estrenar, reflexionen un poquito acerca de lo que se va a comprar, ya que si hay remedio o se quiere estar a la última moda en mueblería, no se vuelquen en el consumismo sino vean la posibilidad del reciclado, reúsen y reutilicen como lo es el arte de la tapicería y verán que así dan un nuevo acabado o retoque a esa sala, a ese comedor o lo que es el caso de las carrocerías den u acabado diferente y bien hecho.

Al igual en las oficinas donde cada rato o cierto tiempo se desechan o cambian mobiliario, opten por acudir a este tipo de restauradores como el del Señor Nájar. ¡No se arrepentirán!,  Acudan a darle una manita de gato a sus muebles en  “Tapicería Jerez”.

 

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