Don Bernardino Rosales Martínez, 53 años mejorando las condiciones de los caminos

bernardino-copiar-“Ahí viene la máquina…”, gritaban contentos los niños de las colonias populares al escuchar el ruido de la motoconformadora en señal de que sus calles iban a ser emparejadas.

Por Raúl Bañuelos

Aparte de su modesto salario, siendo empleado de la presidencia municipal, lo mejor que pudo haber recibido Don Bernardino Rosales Martínez en el transcurso de sus jornadas de trabajo fueron un vaso de agua y algo de alimento en respuesta a la satisfacción que sentían los habitantes debido a que sus calles iban a hacer aniveladas.

En los 80´s y principios de los 90´s pedirle al gobierno municipal que una calle fuera pavimentada no era una urgencia generalizada en la población, pues en ese entonces las administraciones se preocupaban más por ampliar las redes de drenaje y de agua potable para que los servicios básicos llegaran a los habitantes de las nuevas colonias que se estaban instituyendo en la periferia de la ciudad.

Fue durante el trienio del Dr. Gonzalo González del Río y hasta el periodo de la alcaldesa Alma Ávila Cortez cuando la labor de nuestro entrevistado fue de vital importancia, pues durante su colaboración para el municipio tuvo la encomienda de emparejar la mayor parte de las calles de las colonias y de abrir brechas para acortar las distancias entre las comunidades.

De esa forma los sectores donde se solicitaba con mayor insistencia el servicio fueron las colonias Guadalupe, San Isidro y San Francisco, lugares donde sus habitantes requirieron del apoyo del municipio para hacer transitables las calles después de presentarse los periodos de lluvia, ya que era común que vehículos refresqueros y repartidores de otros productos quedaran varados entre el lodazal.

Aún se recuerda que el ruido de la motoconformadora irrumpía las mañanas en señal de que los trabajos de nivelación estaban por comenzar en cualquier calle, acción que obligaba a los lugareños a salir a sus puertas para ver cómo desarrollaba su trabajo el chofer.

bernarino3-copiar“Ahí viene la máquina…”, era el grito que lanzaban los niños al ver que se aproximaba el pesado automotor, que con sus picos traseros y su hoja vertedera comenzaba a nivelar los caminos.

Desde los 19 años Don Bernardino aprendió a manejar maquinaria pesada y en 53 años supo dominar compactadoras, bulldozer, trascabos, motoescrepas y motoconformadoras, ofreciendo sus servicios para empresas foráneas como la de Joel Castanedo; de esos 53 años 25 los dedicó exclusivamente a emparejar las calles de Jerez.

Su entrega al servicio del municipio no tenía horario establecido, aunque a las 3 de la tarde los trabajadores del municipio suspendían sus labores, Don Bernardino llegaba a encerrar la máquina en el corralón a las 7 de la tarde, tomando en consideración que una calle tenía que ser terminada en menos de un día para darle continuidad a las otras que estaban pendientes y así responderle a

los directores de obras públicas y presidentes municipales que hacían sus compromisos con la ciudadanía.

Su tarea no estuvo exenta de problemas; en algunas ocasiones tuvo accidentes en las máquinas que conducía y en otras aguantó regaños de algunos vecinos que se inconformaban porque se les raspaba el pedazo de calle de su vivienda, pero lo que perdura en la mente de Don Bernardino es que obtuvo infinidad de agradecimientos de los jerezanos, de aquéllos que se ponían felices porque sus calles fueron emparejadas, de tal forma que en correspondencia no faltó el vecino que le acercara un vaso de agua o algo de comida mientras hacía sus faenas.

Ahora con 78 años de edad Don Bernardino se dedica a recopilar materiales reciclables, no tanto por necesidad, sino para sentirse útil como el hombre de la casa que sigue siendo, pero, para mantener vivo su pasado, conserva con mucho orgullo fotografías muy antiguas donde se le observa conduciendo todo tipo de maquinaria pesada.

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